Otra vez recurro a esa espeluznante costumbre de plasmar en una fría hoja lo que para muchos puede convertirse en el peor suicidio de la historia, las pasiones son sin duda alguna la mejor formar de conservar aquella supuesta dignidada a la que todos tenemos derecho. La verdad es que me he sorprendido y he reflexionado con algunas circunstancias... con el tongoneo indiferente del gallinazo, el aplauso desenfrenado propio de tardes dominicales en un estadio, la cantaleta dizque amorosa de la que se hace llamar mi conquista, y el coqueteo ocasional de las amiguitas nocturnas.
Esta es la oportunidad de demostrar y delatar a otro bohemio escritor, fumador de tabacos cómicos y luchador de interminables guerras sicodélicas, hay en mi discurso quejas de efímeros momentos, las voluptuosidades artificiales que interrumpen la mejor canción en un bar de bajos recursos aparecerán como la eyaculación momentánea y prematura de mi padre a los tres de la mañana yacente en el acto de amor mas repugnante con mi madre. La euritmia hará de mí aquel infame juglar que siempre he queido ser, sin duda aquí podré desear eternamente asesinar un arabe, conquistar a una María, enclaustrar a un desesperante Principito y convencer a cualquier Gonzálo Arango que su idea no era tan descabellada.
Ahora reconoceré, que las palabras siempre han sido un obstáculo en mi vida, impiden que las mujeres y los decanos caigan rendidos a los pies de un bufón académico y mesías aguardientoso salvador del hampa urbana como yo. Pero no hay rencor, al contrario; agradezco que por lo menos me ha brindado la oportunidad de estar hoy aquí vomitando particulas repugnantes de una gramática embutida sadicamente. Se deben preparar a recibir un bombardeo eufemístico a si integridad intelectual. No crean que no; pues en este mundo así como hay personas normales, yambien estamos los que aún somos geniales, locos y peligrosos.
martes, 13 de noviembre de 2007
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